Santa Felicitas. Empieza la puesta en valor.

“Con tesoros arquitectónicos y artísticos que reúnen desde vitrales franceses, altares, esculturas y hasta un órgano alemán de 1873, la majestuosa Iglesia de Santa Felicitas resiste al olvido a través de un plan para ponerla en valor. El templo, una joya escondida en el barrio industrial de Barracas, es uno de los más bellos y antiguos de la ciudad. A diferencia de otras iglesias, no fue pensada para venerar una figura religiosa, sino para honrar a una rica y aristocrática mujer del siglo XIX,Felicitas Guerrero, asesinada por un pretendiente, hecho que es considerado uno de los primeros femicidios conocidos del país”, escribe Virginia Mejía para La Nación.

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Les recordamos que se puede realizar visitas guiadas a los túneles y el templo escondido. Más info AQUÍ.

 

El subte llega a Barracas y habrá una estación (Suárez) a 200 mts de la Flor!!!

Así nomás. Tendremos subte. La Línea F llegará a Barracas. Bueno. Ponele. Recién se abrió la licitación, pero si esperamos 113 años también podemos ser pacientes algunos más. La noticia salió en diferentes medios. Cliqueando AQUÍ pueden leer la publicada en Infobae.

Y los amigos Antigourmet ya podrán aconsejarle a los pasajeros del subte que además de Constitución ahora podrán bajarse en Suárez para visitarnos!!!

El Puentecito, mitos y curiosidades de la fonda de los arrabales que fue declarada Sitio de Interés Cultural

Existe una esquina en Barracas que fue testigo de una parte de la historia de Buenos Aires:… 

y no es la Flor. Así arranca la nota publicada en el Diario Clarín. Pero, sí son nuestros vecinos de la otra punta de Vieytes (o sea que la querida Vieytes tiene en cada extremo sendas fondas históricas). Y sigue la nota:

…es la de Vieytes y Luján, a metros del viejo puente Pueyrredón. Cuando esta zona de la Ciudad era la periferia, las afueras, allí existía una pulpería. Era el 1750 y este sitio convocaba a gauchos y viajantes que recorrían el país en carretas y caballos. De alguna manera u otra, esta esquina siguió siempre vinculada a la comida, a las bebidas, al fenómeno de juntarse, de compartir. Más de 200 años atrás, en torno a un fogón en el que se cocinaba a leña mientras las bebidas se enfriaban en un pozo; hoy en forma de la mejor paella y las más deliciosas tortillas y rabas porteñas.

La nota le pertenece a Silvia Gómez y para leerla completa cliqueen AQUÍ.

Los 6 bares porteños que son máquinas del tiempo

Estamos en una terna de seis!!!(???) o en un podio (un poco apretujados). Cuenta Judith Savloff (se agradece doña) para Clarín que pertenecemos a un grupo selecto de bares históricos. Y sí, asumimos la etiqueta. Es nuestro humilde aporte a sostener una identidad porteña y a construir comunidad abriendo las puertas a cuanta manifestación suceda en nuestro querido barrio. Y, además, definitivamente recomendamos los sueglios.

Lean la nota completa (y entérense con quien compartimos la generosa mención) AQUÍ.

11 de julio – Día Nacional del Bandoneón

El 11 de julio de 1914 nacía en Buenos Aires Aníbal Troilo, y en homenaje a este genial músico se declaró esta fecha como el Día Nacional del Bandoneón. En Barracas, por el ’14, otro tremendo bandoneonista, Eduardo Arolas ya tenía su Orquesta Típica: (la foto es de 1913) de pie, Tito Rocatagliata (violín), Gregorio Astudillo (flauta); sentados: Eduardo Arolas (bandoneon), Emilio Fernández (guitarra).

Orquesta Típica de Eduardo Arolas 1913-1918

Arolas, con 22 años cuando nacía Pichuco, ya era conocido como el Tigre del Bandoneón. Su primera aparición en público fue una noche del año 1909 en el Café Royal (Suárez y Necochea), donde algunos afirman que nació el tango. En el pequeño palco del “Royal”, más conocido como el Café del Griego, había debutado una año antes Francisco “Pirincho” Canaro con su trío. Se conoce que esa noche del ’09 se acercó a ésta esquina de La Boca el joven Arolas con sólo 16 años, y luego de la presentación del Canaro, a pedido del público, nuestro adorado vecino ejecutó su primer tango “Una noche de garufa”. Pirincho, conmovido, le prometió pasarlo al pentagrama porque Arolas todavía no sabía escribir las notas musicales.

Café del Griego (Royal), Suárez y Necochea

En la Flor AMAMOS a Arolas. “Derecho viejo”, uno de sus tangos, es un postre nuestro. La salsa “Marné” también recuerda a una composición suya. También lo homenajeamos en la ensalada “Place Pigall”. El patio de la Flor lleva su nombre. Y cada 29 de septiembre lo recordamos en su NochePero volviendo a Troilo, y cerrando el círculo, solo decir que la primera grabación de “Pichuco” en 1938 fue “Comme il faut” de un “Tigre” barraquense y vecino de la Flor.

Dice el Washington Post que la posta es desayunar en la Flor

“En el pasado, los trabajadores ferroviarios solían dirigirse aquí para resolver sus diferencias en las peleas con cuchillos. Se conocía como La Puñalada, o “The Stabbing”, y se convirtió en un restaurante de barrio para el proletariado, que sigue siendo hoy en día. Pase por un buen café y una medialuna, un rollo de media luna dulce.

Por cierto: si te quedaste dormido, no te preocupes: el restaurante también es ideal para el almuerzo y la cena, cuando te puede sorprender un espectáculo de tango.”

Descripción del periodista Abel Escudero Zadrayec para su nota Una guía local para Buenos Aires con propuestas para diferentes horas del día.

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Palacio Díaz Velez

Fuente: Mónica Barsola para BELLE EPOQUE – La Argentina del Centenario

 

El Palacio Díaz Vélez es una de las residencias aristocráticas más antiguas y tradicionales de Buenos Aires, acabada muestra del poder social y económico de la familia de Eustoquio Díaz Vélez (hijo), que se ubica en el Barrio de Barracas a la altura 100 de la avenida Montes de Oca en la Ciudad de Buenos Aires.
El Palacio Díaz Vélez fue construido por el estanciero Eustoquio Díaz Vélez, (1819-1910), tercero y único hijo varón del general Eustoquio Díaz Vélez, quien fuera unos de los principales promotores de la Revolución de Mayo de 1810 y de la guerra de la Independencia.


Eustoquio Díaz Vélez hijo fue, al igual que su padre, uno de los hacendados más importantes de la provincia de Buenos Aires. Su fortuna era comparable a los Anchorena, los Álzaga, los Cambaceres y otras familias destacadas de la ciudad.
La fortuna de Díaz Vélez radicaba principalmente en las grandes extensiones de tierras que tenía en las costas del sur de la provincia de Buenos Aires, sus estancias y la actividad ganadera le producían importantes ingresos que lo colocaban en las altas esferas de la sociedad porteña. La ciudad de Necochea y sus alrededores se encuentra en esas tierras que pertenecieron a su familia y las donaron para fundar ese partido costero. Aun así contaba con muchas hectáreas para continuar con el comercio.
Inicialmente, en los tiempos en que la actual Avenida Montes de Oca se denominaba Calle Larga o Santa Lucía, la mansión fue un edificio de una sola planta, aunque grandioso, cuyo blanco frente estaba sostenido por seis columnas clásicas rodeadas por unas ventanas en voladizo, que asomaban hacia el exterior del conjunto. Toda la residencia estaba circundada por un elaborado y cuidado parque, característico de las quintas de las familias tradicionales porteñas que se ubicaban a lo largo de esa avenida.


Eustoquio Díaz Vélez fue dos veces presidente del club El Progreso, un ambiente de elite donde los políticos, ciudadanos y empresarios de importancia se reunían para hacer sociales, iniciar importantes negocios y se tomaran decisiones políticas para el país.
Estuvo casado con Josefa Cano Díaz Vélez, quién era sobrina de él ya que era hija de una hermana suya. Era un millonario extravagante, como su casa estaba muy alejada del centro de la ciudad en ese momento y desconfiaba que por la noche alguien ingresara para robar, lo común era tener perros guardianes, pero Díaz Vélez sentía pasión por los leones, por ese motivo, se cuenta que hizo traer de África dos ejemplares, que se movían por los jardines de la mansión. Los animales estaban sueltos por el jardín por la noche y durante el día, los guardias los encerraban en jaulas que estaban debajo de la casa, a las cuales se ingresaban por una escalera exterior. Cuando había reuniones nocturnas en la mansión, los leones quedaban aislados.
La hija de Díaz Vélez tenía un pretendiente, era Juan Aristóbulo Pittamiglio que también pertenecía a una familia de estancieros, los jóvenes decidieron comprometerse. Era usanza de la época que la fiesta de compromiso se organizara en la casa de la novia, por ello don Eustoquio se encargó personalmente de los preparativos del evento. Era su única hija mujer y quería hacer una gran fiesta, invitó a todos los socios del club, a familias distinguidas y a sus conocidos de la ciudad. Llegó la noche del compromiso, una orquesta solazaba la fiesta y en la entrada a la mansión se encontraban don Eustoquio y doña Josefa para recibir a los invitados.
Como era habitual, los leones estaban encerrados en sus jaulas pero por un descuido se dejó una jaula mal cerrada y uno de los leones se escurrió.
Todo transcurría maravillosamente, el novio requirió la atención de los invitados, le pidió matrimonio a su amada y le dio un anillo en muestra de su amor. Ante el estupor de todos, el león escapado se abalanzó sobre el novio. Estaba entre los presentes de la fiesta el barón Adam Folknner, quien contaría este suceso en sus memorias publicadas (en alemán), en Bavaria en el año 1939. Don Eustoquio se encaminó a su despacho, tomó una escopeta y desde la ventana disparó matando al felino en el acto. Ya era tarde, el novio estaba muerto, la fiesta había acabado en tragedia.
La tribulación de la familia de don Eustoquio se agudizó más cuando la joven novia se quitó la vida una noche de domingo después de asistir a misa en Santa Felicitas, porque no soportaba más vivir con el sufrimiento de la pérdida a su amado, los periódicos de la época registran este hecho. Personas conocidas de la familia cuentan que su padre cayó en una profunda depresión, no visitó más sus estancias y se encerró en su cuarto pasando la mayor parte de los días allí. Aunque sacrificó a los leones, el interés por estos animales continuaba en Díaz Vélez, por ello decide hacer monumentos de los mismos y colocarlos en el jardín. La extravagancia llega a tal punto, que una de las estatuas es un león atacando a un hombre que lucha contra las fauces del animal. Esa escena hace suponer que representa el ataque al pretendiente de la hija.
Hacia inicios del siglo XX la mansión fue objeto de una completa transformación, se edificó un notable palacio influenciado fuertemente por la arquitectura francesa Beaux Arts, de admirable diseño. Los Díaz Vélez plantearon la obra a partir de los planos del clásico Grand Hôtel Particulier francés de tres niveles o alturas: planta principal, planta de habitaciones particulares y mansarda con techo de pizarra. Sobre uno de los costados se ubica una cúpula revestida del mismo material.


Luego del fallecimiento de Eustoquio Díaz Vélez hijo, el Palacio Díaz Vélez continuó siendo la residencia de su hijo menor, el arquitecto Eugenio Díaz Vélez, casado con María Escalda, padre de dos hijas: María Eugenia Díaz Vélez y Josefina Díaz Vélez. Eugenio, de aquilatados gustos estéticos, confió la remodelación del parque al prestigioso arquitecto paisajista Carlos Thays, quien, en 1913, hermoseó los jardines adyacentes al Palacio, agregando nuevas fuentes y esculturas.
En 1930 falleció Eugenio Díaz Vélez y su viuda e hijas vendieron el Palacio a la Ciudad de Buenos Aires.
El Palacio Díaz Vélez es un edificio alegórico por su historia y características, el único de su tipo que se mantiene en pie a lo largo de la Avenida Montes de Oca.

Los vinos de Gustavo Santaolalla

Gustavo Santaolalla pasó por Córdoba y presentó su Bodega Cielo y Tierra (sus vinos podés pedirlos en la Flor). Gabriela Origlia lo escribió para La Nación:

La gama se inicia con un “ensamble”. Santaolalla, quien siempre ronda la idea de identidad, prefiere ese concepto en vez del tradicional de blend. “Callejón de las Brujas” tiene 60% de Malbec, 30% de Cabernet y 10% de Petit Verdot. “El nombre no es una fantasía; es la calle de ingreso a la finca.

… 

Los otros vinos, más complejos, son Celador (como la canción “Celador de sueños” de Orozco & Barrientos), una combinación de Malbec y Cabernet con 12 meses de paso por barrica de roble de segundo uso; Don Juan Nahuel (en honor al hijo del músico), Malbec y Cabernet con paso por barrica de primer y segundo uso de 14 a 18 meses; y Don Juan Nahuel Reserva, un Malbec de 24 meses en barricas de primer uso.

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Inicio de ciclos de cine y milonga 2019

Abril da comienzo a dos de nuestros ciclos más queridos: el viernes 5, el cine (continúa el primer viernes de cada mes); y el sábado 6, las clases de tango + milonga (continúa el primer sábado de cada mes). El Ciclo Cine y Etnografía va por su cuarta temporada. Es organizado por la Sección de Etnología (FFyL-UBA) (ICA Instituto de Ciencias Antropológicas Filo-Uba, ICA) y el Instituto de Arqueología, Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Es un espacio que convoca al encuentro entre #vecinos, #investigadores, #profesores y #estudiantes, #cineastas y #actores, cinéfilos e integrantes de movimientos sociales. Ese es el espíritu que quiere alimentar este ciclo de cine, que invita a compartir proyecciones de cortos y largometrajes. Se ponen en debate películas de diversas regiones y épocas, de pueblos que fueron alojados en el lugar de lo “exótico” y de aquellos que los “exotizaron” y colonizaron, de pueblos que también decidieron tomar las cámaras y narrar sus propias historias, pueblos y grupos sociales que continúan resistiendo para que en este mundo “quepan muchos mundos”. La asistencia a las proyecciones es gratuita.

La Milonga por la Integración: el abrazo verdadero es organizada por Andrea Etchepare y Alejandro Lucaci. Es abierta y gratuita. Propone un encuentro único, donde personas con y sin discapacidad se juntan en un abrazo para celebrar la maravillosa posibilidad de sostenerse juntos. Talleres y clases van de 17.30 a 18.30 y, a continuación, se larga la milonga musicalizada por DJ Augusto Balizano.

Del museo a la calle: las fachadas de La Boca y Barracas exhiben reproducciones del Quinquela

“La Boca es un invento mío”, dijo alguna vez Benito Quinquela Martín, el prócer del barrio de la ribera que soñó una pequeña aldea en donde el arte y los colores estuvieran presentes en la calle, al alcance de todos. Con el fin de honrar ese legado, y dentro de las actividades por el 129° aniversario de su nacimiento, el Museo Benito Quinquela Martín ofrece a los vecinos de La Boca y Barracas reproducciones de obras de este pintor y de aquellas que forman parte de su catálogo para ser exhibidas, de forma gratuita, en los frentes de las casas.

El único requisito es tener un espacio libre y la firme convicción de transformar la fachada de la vivienda en una galería de arte al aire libre. “Nos proponemos sacar el patrimonio del museo a la calle”, argumenta Víctor Fernández, director de la institución.

Así comienza la nota (leerla completa AQUÍ) escrita por nuestro amigo/parroquiano Leandro Vesco para el Diario La Nación.

La Flor en breve tendrá su Quinquela y formará parte de este circuito homenaje. Obras de Fortunato Lacámera ya se lucen a la vuelta, sobre Copahue, en lo de la Profe Shela Estévez.

En nuestro Salón Villoldo también tenemos la última foto que se le sacó a Quinquela. La captura es de otro querido barraquense, Gregorio Traub.