Palacio Díaz Velez

Fuente: Mónica Barsola para BELLE EPOQUE – La Argentina del Centenario

 

El Palacio Díaz Vélez es una de las residencias aristocráticas más antiguas y tradicionales de Buenos Aires, acabada muestra del poder social y económico de la familia de Eustoquio Díaz Vélez (hijo), que se ubica en el Barrio de Barracas a la altura 100 de la avenida Montes de Oca en la Ciudad de Buenos Aires.
El Palacio Díaz Vélez fue construido por el estanciero Eustoquio Díaz Vélez, (1819-1910), tercero y único hijo varón del general Eustoquio Díaz Vélez, quien fuera unos de los principales promotores de la Revolución de Mayo de 1810 y de la guerra de la Independencia.


Eustoquio Díaz Vélez hijo fue, al igual que su padre, uno de los hacendados más importantes de la provincia de Buenos Aires. Su fortuna era comparable a los Anchorena, los Álzaga, los Cambaceres y otras familias destacadas de la ciudad.
La fortuna de Díaz Vélez radicaba principalmente en las grandes extensiones de tierras que tenía en las costas del sur de la provincia de Buenos Aires, sus estancias y la actividad ganadera le producían importantes ingresos que lo colocaban en las altas esferas de la sociedad porteña. La ciudad de Necochea y sus alrededores se encuentra en esas tierras que pertenecieron a su familia y las donaron para fundar ese partido costero. Aun así contaba con muchas hectáreas para continuar con el comercio.
Inicialmente, en los tiempos en que la actual Avenida Montes de Oca se denominaba Calle Larga o Santa Lucía, la mansión fue un edificio de una sola planta, aunque grandioso, cuyo blanco frente estaba sostenido por seis columnas clásicas rodeadas por unas ventanas en voladizo, que asomaban hacia el exterior del conjunto. Toda la residencia estaba circundada por un elaborado y cuidado parque, característico de las quintas de las familias tradicionales porteñas que se ubicaban a lo largo de esa avenida.


Eustoquio Díaz Vélez fue dos veces presidente del club El Progreso, un ambiente de elite donde los políticos, ciudadanos y empresarios de importancia se reunían para hacer sociales, iniciar importantes negocios y se tomaran decisiones políticas para el país.
Estuvo casado con Josefa Cano Díaz Vélez, quién era sobrina de él ya que era hija de una hermana suya. Era un millonario extravagante, como su casa estaba muy alejada del centro de la ciudad en ese momento y desconfiaba que por la noche alguien ingresara para robar, lo común era tener perros guardianes, pero Díaz Vélez sentía pasión por los leones, por ese motivo, se cuenta que hizo traer de África dos ejemplares, que se movían por los jardines de la mansión. Los animales estaban sueltos por el jardín por la noche y durante el día, los guardias los encerraban en jaulas que estaban debajo de la casa, a las cuales se ingresaban por una escalera exterior. Cuando había reuniones nocturnas en la mansión, los leones quedaban aislados.
La hija de Díaz Vélez tenía un pretendiente, era Juan Aristóbulo Pittamiglio que también pertenecía a una familia de estancieros, los jóvenes decidieron comprometerse. Era usanza de la época que la fiesta de compromiso se organizara en la casa de la novia, por ello don Eustoquio se encargó personalmente de los preparativos del evento. Era su única hija mujer y quería hacer una gran fiesta, invitó a todos los socios del club, a familias distinguidas y a sus conocidos de la ciudad. Llegó la noche del compromiso, una orquesta solazaba la fiesta y en la entrada a la mansión se encontraban don Eustoquio y doña Josefa para recibir a los invitados.
Como era habitual, los leones estaban encerrados en sus jaulas pero por un descuido se dejó una jaula mal cerrada y uno de los leones se escurrió.
Todo transcurría maravillosamente, el novio requirió la atención de los invitados, le pidió matrimonio a su amada y le dio un anillo en muestra de su amor. Ante el estupor de todos, el león escapado se abalanzó sobre el novio. Estaba entre los presentes de la fiesta el barón Adam Folknner, quien contaría este suceso en sus memorias publicadas (en alemán), en Bavaria en el año 1939. Don Eustoquio se encaminó a su despacho, tomó una escopeta y desde la ventana disparó matando al felino en el acto. Ya era tarde, el novio estaba muerto, la fiesta había acabado en tragedia.
La tribulación de la familia de don Eustoquio se agudizó más cuando la joven novia se quitó la vida una noche de domingo después de asistir a misa en Santa Felicitas, porque no soportaba más vivir con el sufrimiento de la pérdida a su amado, los periódicos de la época registran este hecho. Personas conocidas de la familia cuentan que su padre cayó en una profunda depresión, no visitó más sus estancias y se encerró en su cuarto pasando la mayor parte de los días allí. Aunque sacrificó a los leones, el interés por estos animales continuaba en Díaz Vélez, por ello decide hacer monumentos de los mismos y colocarlos en el jardín. La extravagancia llega a tal punto, que una de las estatuas es un león atacando a un hombre que lucha contra las fauces del animal. Esa escena hace suponer que representa el ataque al pretendiente de la hija.
Hacia inicios del siglo XX la mansión fue objeto de una completa transformación, se edificó un notable palacio influenciado fuertemente por la arquitectura francesa Beaux Arts, de admirable diseño. Los Díaz Vélez plantearon la obra a partir de los planos del clásico Grand Hôtel Particulier francés de tres niveles o alturas: planta principal, planta de habitaciones particulares y mansarda con techo de pizarra. Sobre uno de los costados se ubica una cúpula revestida del mismo material.


Luego del fallecimiento de Eustoquio Díaz Vélez hijo, el Palacio Díaz Vélez continuó siendo la residencia de su hijo menor, el arquitecto Eugenio Díaz Vélez, casado con María Escalda, padre de dos hijas: María Eugenia Díaz Vélez y Josefina Díaz Vélez. Eugenio, de aquilatados gustos estéticos, confió la remodelación del parque al prestigioso arquitecto paisajista Carlos Thays, quien, en 1913, hermoseó los jardines adyacentes al Palacio, agregando nuevas fuentes y esculturas.
En 1930 falleció Eugenio Díaz Vélez y su viuda e hijas vendieron el Palacio a la Ciudad de Buenos Aires.
El Palacio Díaz Vélez es un edificio alegórico por su historia y características, el único de su tipo que se mantiene en pie a lo largo de la Avenida Montes de Oca.

Los vinos de Gustavo Santaolalla

Gustavo Santaolalla pasó por Córdoba y presentó su Bodega Cielo y Tierra (sus vinos podés pedirlos en la Flor). Gabriela Origlia lo escribió para La Nación:

La gama se inicia con un “ensamble”. Santaolalla, quien siempre ronda la idea de identidad, prefiere ese concepto en vez del tradicional de blend. “Callejón de las Brujas” tiene 60% de Malbec, 30% de Cabernet y 10% de Petit Verdot. “El nombre no es una fantasía; es la calle de ingreso a la finca.

… 

Los otros vinos, más complejos, son Celador (como la canción “Celador de sueños” de Orozco & Barrientos), una combinación de Malbec y Cabernet con 12 meses de paso por barrica de roble de segundo uso; Don Juan Nahuel (en honor al hijo del músico), Malbec y Cabernet con paso por barrica de primer y segundo uso de 14 a 18 meses; y Don Juan Nahuel Reserva, un Malbec de 24 meses en barricas de primer uso.

Lee la nota completa AQUÍ.

Del museo a la calle: las fachadas de La Boca y Barracas exhiben reproducciones del Quinquela

“La Boca es un invento mío”, dijo alguna vez Benito Quinquela Martín, el prócer del barrio de la ribera que soñó una pequeña aldea en donde el arte y los colores estuvieran presentes en la calle, al alcance de todos. Con el fin de honrar ese legado, y dentro de las actividades por el 129° aniversario de su nacimiento, el Museo Benito Quinquela Martín ofrece a los vecinos de La Boca y Barracas reproducciones de obras de este pintor y de aquellas que forman parte de su catálogo para ser exhibidas, de forma gratuita, en los frentes de las casas.

El único requisito es tener un espacio libre y la firme convicción de transformar la fachada de la vivienda en una galería de arte al aire libre. “Nos proponemos sacar el patrimonio del museo a la calle”, argumenta Víctor Fernández, director de la institución.

Así comienza la nota (leerla completa AQUÍ) escrita por nuestro amigo/parroquiano Leandro Vesco para el Diario La Nación.

La Flor en breve tendrá su Quinquela y formará parte de este circuito homenaje. Obras de Fortunato Lacámera ya se lucen a la vuelta, sobre Copahue, en lo de la Profe Shela Estévez.

En nuestro Salón Villoldo también tenemos la última foto que se le sacó a Quinquela. La captura es de otro querido barraquense, Gregorio Traub.

 

Eduardo Arolas

Hoy, 24 de febrero, es el cumpleaños 127 de Eduardo Arolas. Barraquense. Nació a unas pocas cuadras de la Flor. Su nombre real era Lorenzo Arola (o Arolá). Hijo de franceses. De cuando los franceses tenían mejores perspectivas de desarrollo en los conventillos del arrabal porteño que en Francia. Eduardo Arolas es uno de los representantes más notables de la Guardia Vieja del tango. Compuso más de 100 en tan solo 32 años de vida. La primera grabación de Aníbal Troilo fue uno de sus temas. D’Arienzo lo grabó más que ningún otro. Etcétera. No vamos aquí a escribir su biografía. Los interesados encontrarán dónde saber más. Simplemente decir que cuando tomamos posesión de la Flor quisimos darle un justo reconocimiento y le dedicamos el patio. También nombramos algunos de nuestros platos como sus tangos. Y lucimos sus partituras y fotos en el bar. Además, cada 29 de septiembre (fecha de su muerte) organizamos junto a la Escuela Normal Superior 5 “La Noche de Arolas” con charlas (con antropólogos, arqueólogos, músicos, linguístas, historiadores) exhibición de fotos y videos, baile, perfomance, y música en vivo. Eduardo Arolas era hijo inmigrantes. Le decían el Tigre del Bandoneón. Representa este pedazo del barrio donde estaban afincadas las grandes fábricas, talleres y galpones que daban trabajo a los vecinos de la zona. En la esquina de Suárez y Arcamendia intentamos continuar con esa generosa costumbre. Somos Arolas.

13 de diciembre. Santa Lucía. Patrona de Barracas.

El 13 de diciembre se celebra Santa Lucía, patrona de Barracas. En esta publicación recordamos la fecha a través de dos links: uno describe el santuario, su construcción e inauguración; el otro es una vieja nota publicada en el Diario Clarín que refiere a la famosa pulpera del valsecito.

Parroquia y Santuario Santa Lucía

El vals de la rubia de ojos celestes

Foto: JEHBarracas

#SantaLucía #SomosBarracas

Templo escondido: la misteriosa joya oculta en Barracas

“…el caso del Templo Escondido, una joya oculta en el corazón de Barracas, hay que admitir que no alcanza con el entusiasmo turístico autóctono. Casi nadie lo conoce y es un misterio hasta para los vecinos del barrio: no tiene fachada ni salida hacia la calle, ni demasiada difusión. Está en el primer piso de un edificio donde funciona un colegio, el Santa Felicitas. Y acumula extravagancias: jamás fue consagrado para uso religioso; el párroco que dirigió su construcción se ahorcó en el lugar. La lista continúa” cuenta Miguel Frías para la Revista Viva del diario Clarín.

Para leer la nota completa cliquear AQUÍ.

 

Ángel Villoldo, el padre del tango

Este jueves 18, a las 18.30, la Academia Nacional del Tango recordará a uno de nuestros vecinos ilustres: Ángel Villoldo (ese que nosotros recordamos dándole nombre nuestro Salón).

Leer la nota publicada hoy en el Diario Clarín AQUÍ.

Más info: La charla se hará en Avenida de Mayo 833. Informes: 15-6938-0143. Entrada gratuita.

Nuevo parque en Barracas

[…] Proyectan que la manzana delimitada por Luna, Suárez, Monasterio y Miravé tenga un parque y escuelas. Se incorporará mobiliario urbano, bicicleteros, estaciones aeróbicas, luminaria y un conjunto escultórico.

El plazo de ejecución estimado es de 8 meses (junio 2019).

Estación Buenos Aires fue la estación terminal del Ferrocarril Belgrano Sur, abierta al público en el año 1911. […]

Publicado por los amigos de El Silbador. La nota completa esta AQUÍ.