Cinco maestros y sus discípulos mantienen vivo el arte popular porteño

¿Qué ocurriría si Marino Santa María guardara en un cofre, bajo mil llaves, las técnicas que lo llevaron a convertirse en uno de los muralistas más importantes de la escena artística local? ¿Pero si las comparte? ¿Si formara un discípulo? Lo más probable es que así se garantice que otro artista, otro artesano, intervenga alguna pared de la Ciudad -o de cualquier lugar del mundo- utilizando los mosaicos venecianos que caracterizan el trabajo de Santa María, los que convirtieron a un pasaje del barrio de Barracas, el Lanín, en uno de los rincones mas bellos, coloridos y vibrantes de Buenos Aires, escribe para el Diario Clarín Silvia Gómez.

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