Barracas nació prácticamente con Buenos Aires. La ciudad diagramada (en 1580) por don Juan de Garay, su (segundo) fundador, rápidamente se extendió hacia el sur. La vera del Riachuelo sirvió de puerto natural a la insignificante aldea que, en verdad, eso fue por más de tres siglos. El nombre “barraca” proviene del catalán y significa albergue o depósito construido ligeramente. Las barracas del Riachuelo fueron precarias construcciones que sirvieron de almacenes para la actividad portuaria. Éstas le dieron el nombre definitivo a la barriada. Desde estos depósitos se transportaba la mercadería llegada de ultramar por medio de carretas a través de la transitada Calle Larga (la actual Montes de Oca), vía directa que conectaba los arrabales orilleros barraquenses con el centro de la ciudad.

A partir del siglo XIX la zona se convirtió en el sitio elegido por las familias adineradas de la sociedad porteña para afincarse y construir sus mansiones o casas de veraneo (y de paso estar cerca de sus depósitos). Pero, la Fiebre Amarilla de 1871 que asoló sin piedad a los barrios del sur provocó el primer éxodo masivo de vecinos hacia el norte. Barracas se vació. Posteriormente, el barrio mutó su perfil. Las viejas casonas abandonadas se convirtieron en conventillos de inmigrantes. Durante la primera mitad del siglo XX se establecieron en el barrio las principales industrias del país que se nutrieron de mano de obra barata de vecinos hacinados en sus piezas. Una pujante fuerza proletaria forjó en Barracas su oportunidad de progreso. Sin embargo, nuevos éxodos se produjeron. La extensión de AU 9 de Julio Sur (AU Arturo Frondizi) demolió un rico patrimonio urbanístico y cientos de familias históricas debieron dejar el barrio. Finalmente, la política económica de los ‘90 generó el cierre definitivo de fábricas y alteró la dinámica febril y bulliciosa de trabajadores cotidianos.

En Barracas Ángel Villoldo (considerado el padre del tango y vecino del barrio) compuso El Choclo; nació el primer gran bandoneonista local, Eduardo “Tigre” Arolas; sucedió la primera huelga de inquilinos de conventillos; se convirtió el primer Gol Olímpico de la Historia de Fútbol en un partido disputado en la vieja cancha de Sportivo Barracas (donde nuestro país hacia de local) entre Argentina y Uruguay que venía de ser Campeón Olímpico (de ahí la denominación).