La Flor nació fonda. Y jamás cambió de rubro. Más de 110 años dando de comer a una barriada. Pocos espacios en Buenos Aires mantienen esta inalterable identidad. Tuvo pasado lumpen. Su primera denominación fue Fonda Génova y se correspondía con el origen de sus propietarios.

La foto pertenece al CEDIAP y es 1916.

Con los años fue recibiendo distintos seudónimos. Se la conoció como “La Puñalada”. Era cuando los changarines ferroviarios (de los antiguos talleres del Ferrocarril del Sud que estaban a 100 mts) resolvían sus diferencias a cuchillo en el salón. Luego fue “Tarzán” por aquello que ir a la Flor era entrar en la selva. Finalmente, fue “Luna Park”. El avance de la cultura ciudadana había mejorado el modo de imponer las ideas y del arma blanca se pasó a las peleas a puño cerrado. A partir de 1965 la compraron un grupo de gallegos (porque para los porteños todos los venidos de España son gallegos) que le pusieron su nombre definitivo “La Flor de Barracas” y la manejaron hasta 2009 cuando se puso en venta con riesgo de picota.

Afortunadamente, la propiedad fue adquirida por Victoria Oyhanarte quien evitó el derrumbe y llevó adeltante el bar hasta fines de 2014. A partir de entonces la familia Cantini está al frente de este acervo barrial y porteño.

Hoy la Flor tiene un subtítulo o bajada conceptual: esquina mistonga. Mistonga en lunfardo significa pobretón. Y la etiqueta es correcta. El boliche fue concebido para alimentar al proletariado. El tango Melodía de arrabal dice en uno de sus párrafos: Hay un fuelle que rezonga en la cortada mistonga. La Flor hace esquina con la cortada Arcamendia (apellido de uno de los integrantes de la tripulación que vino con Garay desde Asunción, bajando por el río a fundar Buenos Aires) que, aún hoy, mantiene el viejo empedrado municipal.

La Flor de Barracas es una auténtica fonda, bodegón, boliche, pulpería urbana con entrada por la ochava, ventanas guillotina, piso calcáreo original, como lo son sus aberturas, barra de madera con estaño, pantallas ferroviarias colgando del techo. Desde 2011 integra el listado de Cafés/Bares Notables de la Ciudad. Para el imaginario porteño es un auténtico cafetín cafetín. Una “marca ciudad” que nos cuenta como porteños y miles de turistas que llegan a estas tierras vienen a buscar. Está frente a la Escuela Normal Superior N°5 Martín de Güemes, emblema de Barracas, declarada Patrimonio Histórico Nacional. Ambas construcciones son contemporáneas. O sea que las dos instituciones conforman un patrimonio histórico cultural de lo más valioso del sur, Barracas y de todo Buenos Aires.