Los fantasmas de la Flor

Lo encontramos en la mesa que siempre supo ser ocupada por uno de nuestros más fieles parroquianos (Misa de 11: copa de vino blanco y claringrilla). Lucía viejo. Cachuzo. Mistongo. El teléfono. Lo dejamos a mano, en la barra, a la espera de quien lo hubiese olvidado. Sin embargo, no pasó nadie. Raro síntoma de antiabstinencia.

Con los días, cuando entendimos que ya nadie vendría por él, nos permitimos revisarlo. Quizás la Galería de Fotos nos reportara información sobre su dueño.

Ante nuestra sorpresa la totalidad de las fotos guardadas habían sido sacadas dentro del bar y en una primera mirada nos pareció observar imágenes extrañas. Inquietos bajamos los archivos a una computadora y la sorpresa fue aún mayor. Todas las fotos tienen fantasmas ocupando mesas, abrazando parroquianos o compartiendo un rato con amigos. No nos resultó extraño. Son 112 años de abrir a diario para dar de comer, servir de refugio, compartir con amigos. Mucha gente ha partido (como el amigo del principio) y sus almas sostendrán el hábito de visitar la Flor y nos abrazan a diario.

El teléfono celular lo tenemos disponible en la barra. No tienen más que pedirlo y sacar sus propias fotos. O una selfie con un fantasma.

 

(Intervenciones electrónicas por Lucio Cantini)

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