Cinco maestros y sus discípulos mantienen vivo el arte popular porteño

¿Qué ocurriría si Marino Santa María guardara en un cofre, bajo mil llaves, las técnicas que lo llevaron a convertirse en uno de los muralistas más importantes de la escena artística local? ¿Pero si las comparte? ¿Si formara un discípulo? Lo más probable es que así se garantice que otro artista, otro artesano, intervenga alguna pared de la Ciudad -o de cualquier lugar del mundo- utilizando los mosaicos venecianos que caracterizan el trabajo de Santa María, los que convirtieron a un pasaje del barrio de Barracas, el Lanín, en uno de los rincones mas bellos, coloridos y vibrantes de Buenos Aires, escribe para el Diario Clarín Silvia Gómez.

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Marino hizo realidad aquello de pintar su propia aldea

Nacido en Barracas, Marino Santa María eligió para expresarse un arte alejado de las galerías y cercano a la calle. Por eso, sus pinturas en la fachada de las casas del pasaje Lanín se convirtieron en una experiencia única en el mundo, cuenta Pablo Quirós en su nota para el Diario Popular.

Marino es nuestro fiel parroquiano más famoso. Nos visita a diario y le estamos detrás para que nos haga una mesa que dialogue con el magnifico entorno barrial que rodea a la Flor del que este genial artista es el principal responsable.

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Casa Taller de Marino Santa María (Lanín 33)

Talleres abiertos de Par en Park

El miércoles 29 de noviembre los artistas de Central Park recibirán al público de 15.00 a 21.00 en la quinta edición de Talleres Abiertos, un evento en el que se podrá visitar los talleres, dialogar con los artistas y verlos trabajar. Una oportunidad que pocas veces se repite. Cada uno de los artistas va a donar una obra a la Fundación Margarita Barrientos. Cuenta la nota del Diario Perfil (lee la nota completa)

“Talleres Abiertos de Par en Park, 5° Edición” abre sus puertas para que conozcan la producción de los siguientes artistas: Antonio Seguí, Eugenio Cuttica, Eduardo Hoffmann, Eugenio Zanetti, Milo Lockett, Hernánd Dompé, Juan Lecouna, Mónica Van Asperen, Marcos López, Jorge Roiger, Carlos Gómez Centurión, Marino Santa Maria, Ana Candioti, Cecilia Duhau, Augusto Zanella, Daniel Corvino, Horacio Sánchez Fantino, Cecilia Ivancevich, Andrea Allen, Monique Rozanes, Emilio Fatuzzo, Daniel Aguirre, Carlos Benavídez, Ernesto Arellano, Sara Stewart Brown, Pepa Figueroa Cuellar, Amalia Bonholzer, Paloma Marquez y Eliana Aromando. También se podrán apreciar los trabajos de otros artistas invitados como el grupo Mondongo, Alejandro Vigilante, Feboasoma, B.L.F y Enrique Giménez.

El Central Park es una construcción que ocupa toda una manzana (entre California, Herrera, Iriarte y Vieytes) y que fue la Compañía Argentina de Fósforos. Luego, fue la mayor imprenta argentina (Fabril Financiera) donde se imprimían libros de textos y revistas para toda América Latina. El edificio, intervenido por Pérez Célis, funciona hoy de taller de los artistas mencionados. Entre éstos, nuestro parroquiano más famoso Marino Santa María a quien podrán visitar (y mandarle saludos nuestros).

¿Por qué visitar La Flor de Barracas?

Porque lo hacen, cotidianamente, desde hace más de 110 años, trabajadores y vecinos de Barracas y los barrios del sur de la Ciudad. Una tradición porteña que Uds. cumplirán cada vez que atraviesen las carpinterías originales, caminen el mismo piso calcáreo o se apoyen sobre el estaño. La Flor de Barracas nació fonda (se llamaba Génova) en 1906 y da de comer, sirve refugio espiritual y es parada obligada para ciento de personas que celebran el ritual pagano de regalarse un rato de vida. Hoy integra el grupo de Bares Notables de Buenos Aires.

Barracas es un barrio al sur de la Ciudad. Tuvo pasado de alcurnia, también pendenciero. Fue sede de grandes industrias. Luego, vio deambular por las calles a miles de obreros que perdían sus puestos de trabajo. La Historia Argentina atravesó su territorio. Visitar Barracas es recorrer el siglo XIX y XX.

 

Barracas fue cuna del tango. En sus conventillos se amontonaban los inmigrantes que habían llegado con la ilusión de futuro. Y entre todos crearon aquello que los integró, dio sentido y constituyó como porteños: nuestra invención más genuina. De Barracas es Ángel Villoldo, considerado el padre del Tango. También Agustín Bardi.  Pero, el más querido de todos es Eduardo Arolas, el Tigre del Bandoneón. (Todos los mencionados pertenecieron a la Guardia Vieja). Cada fin de septiembre en la Flor realizamos La Noche de Arolas para recordar al Tigre. Una juntada que reúne historiadores, arqueólogos, alumnos del Taller de la Memoria de la Escuela Normal Superior N°5, investigadores, miembros de la Academia Nacional del Tango y músicos.

 

Barracas es historia, arrabal, orilla, tango. Y buen comer. En la Flor hacemos los platos de antes como antes. Pastas caseras, guisos de olla, milanesas. Nuestros platos especiales son para compartir porque apostamos a la comensalidad. Los llamamos: la Puñalada, Milonga y Atrevida. Todos vienen a caballo (o sea, con dos huevos fritos arriba) porque “la patria se hizo a caballo y en la Flor hacemos patria”. Las opiniones positivas nos han hecho merecedores del #CertificadoDeExcelenciaTripAdvisor en 2016 y 2017. Lucio Cantini es el cocinero en jefe. Dora Ortiz es la abuela a cargo de los postres de abuela.

La Flor es un espacio regenteado familiarmente y apropiado por los vecinos. El Salón Villoldo es el lugar de cumpleaños, reuniones de compañeros, homenajes y festejos. La Universidad de Buenos Aires (UBA) realiza un Ciclo de Cine Etnográfico. Es un salón íntimo con dos ventanas a la calle Arcamendia y que conecta con el Patio Arolas y el bar. El Patio Arolas es ideal para reuniones familiares. Tiene una mesa comunitaria para 12 personas y conecta con la cocina generando una situación típicamente casera.

La Flor tiene armonía. Al ingresar se penetra en un ambiente amigable que acompaña y cobija. Es un bar de esquina que funcionaba como pulpería urbana para abastecerse antes de un largo viaje. Mira hacia el sur. Hacia la pampa infinita.

En la Biblioteca Impopular Roberto Fontanarrosa se pueden tomar libros sobre la historia de barrio, letras de tangos, diferentes patrimonios de la Ciudad. Los diarios del día están disponibles para la lectura. Hasta las mascotas pueden acompañar a sus dueños y pasar un rato en el Arolas.

 

Lo más dinámico es la Agenda Cultural: cine, charlas, presentación de libros, talleres de fotografía, escritura, pintura, meditación, shows de tango, folklore, jazz. En la Flor siempre está sucediendo algo.

 

El vínculo con las instituciones vecinas es muy estrecho. Con los vecinos de enfrente, la Escuela Normal 5, realizamos muchas actividades en conjunto. Sus docentes y alumnos se cruzan, entran y salen, permanentemente de la Flor. A sólo 100 mts. se inicia la Calle Lanín, una obra de arte a cielo abierto creada por el artista plástico Marino Santa María (parroquiano de la Flor, obvio). También se ofrecen a la venta artesanías de internos del Hospital Neuropsiquiátrico Borda, vecinos muy cercanos. El mítico club de fútbol Sportivo Barracas tiene su rincón en el bar.

La visita a la Flor es muy completa. Sólo hay que ser un poco curioso, predisponerse a pasar un momento sin apuro y tener buen apetito. A la salida se llevará puesto nuevos saberes y ricos sabores.